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    15 agosto 2015

    En Purranque se conmemoraron 50 años de la tragedia del Janequeo y Leucotón [17 Fotos]



    Purranque, 15 de Agosto de 2015.

    Autoridades y personal de la armada conmemoraron este día sábado en el sector costero de Purranque los 50 años de lo que fue una de las tragedias más grandes del país en los años 60.

    Frente a los restos de los barcos varados en el lugar se instaló un monolito de madera de alerce para recordar las más de 70 personas que ese día perdieron la vida.

    En el lugar también estuvieron presente algunos adultos mayores, lugareños del sector, que en su juventud ayudaron en labores de rescate de los sobrevivientes a la tragedia.

    Personal de la armada se hizo presente en helicóptero y con personal por tierra. En tanto, vecinos de Purranque se hicieron presente en el lugar para presenciar la ceremonia.

    Fuente: Héctor Cuevas
    Fotos: Verito Piticar 

    Hace cincuenta años la patria chilena se conmovió por la pérdida de dos naves de la Armada, la muerte de muchos de sus hombres y la heroicidad de dos de ellos que ofrendaron sus vidas en rescate de sus compañeros. (Jesús dijo: "Nadie tiene mayor amor que pone su vida por sus amigos").

    En aquel agosto de 1965 una gran parte del territorio estaba bajo los temporales de viento y lluvia, en especial el largo litoral frente a la inmensidad del enojado océano Pacífico, que no se portaba como tal.

    El patrullero "Leucotón" estaba en Talcahuano para remolcar al ferry-boat "Alonso de Ercilla" que servía en el canal de Chacao. Por las condiciones reinantes, el transbordador debió quedarse en ese puerto naval. El "Leucotón" debió seguir rumbo al sur para reabastecer los faros, una de las misiones no fáciles que cumplía siempre. Sufrió, sin embargo, un grave calentamiento en sus motores, por lo cual se dirigió a la caleta Lliuco, en la Bahía San Pedro (Comuna de Purranque), más o menos a 60 millas al sur de Corral. En ese lugar escogido, cercano a la costa, la marejada maniobró malamente al buque varándolo atravesado, de costado sobre un fondo arenoso que lo aceleraba el sedimento de un pequeño río cercano.

    Este patrullero fue construído en Estados Unidos 21 años antes, y ese mes cumplía 17 años de ser chileno. Fue comandado, lógicamente por distinguidos oficiales y en esa fecha invernal lo era el capitán de Corbeta don Pedro Fierro Herreros.

    La superioridad naval dispuso que los buques "Cabrales", "Galvarino" y "Janequeo" y más tarde, la corbeta "Casma" se dirigieran a auxiliarlo. Posteriormente se le ordenaba al "Galvarino" irse a reabastecer los faros.

    El día 11, el popular "Janequeo" en maniobras para ayudar al "Leucotón", sus propios fuertes cables se enredaron en varias vueltas en su hélice, impidiendo el libre juego de moverse y todas las acciones fueron inútiles. Por tal causa, el Cabrales tomaba la ayuda del "Leucotón".

    El día 15, en la amanecida arribó el "Casma" para remolcar al "Janequeo" pero nuevamente las marejadas lo impidieron. Así, la nave como enredado por un pulpo de acero, comenzó a irse casi garreando hacia la inmensa roca Catedral.

    Este heroico "Janequeo" había sido construido también en EE.UU. y llegado a Chile el año anterior. Lo comandaba el capitán de Corbeta don Marcelo Léniz Bennet.

    La nave al garete se golpeaba contra la roca y así en la noche, en las horas de la tenebrosidad, de pronto, entre olas de 15 metros, los marineros se lanzaron al agua siguiendo, tal vez, el consejo de su capitán de salvarse el que pudiera. Y una luz de la eternidad brilló en el instante que el buque herido se partió en dos.

    Un tripulante del Leucotón, actual profesional universitario, Hernán Uribe, rememora que ellos mismos al ver la muerte tan cerca, muchos lloraban lo cual se intensificó al observar hombres nadando, cadáveres que pasaban en el entorno, a asirse a las rocas y cansados caer nuevamente al mar.

    Hubo, sin embargo, dos marinos guerreros -uno del Leucotón y el otro ya salvado- que rescataron a varios camaradas ofreciendo sus vidas por ello.

    El Marinero Fuentealba

    En aquella noche de muerte, el 15 de agosto, los vientos de todas partes soplaban mientras los marinos del Leucotón escarbando con llanto las sombras del mar, y los náufragos heroicos del Janequeo desaparecían, tal vez, con imágenes de todas sus vidas; los que llegaban a la orilla ayudados por los lugareños de esa costa llamada Manquemapu; y los que asidos salvaje y tiernamente a las rocas y los que no resistían, se sumergían con sus miradas hacia el infinito.
    Pero el cielo iluminó a dos hombres que tenían una alternancia de amor solidario entre sus corazones y sus mentes. Y no titubearon al ver el cuadro de horror vivido por sus queridas naves y la agonía de sus compañeros.

    El Cabo de Máquinas, Leopoldo Odger Flores se lanzó a ese mar negro para tratar de salvar a esos marinos de la patria. Así pudo salvar al Cabo Juan Espinoza Montiel, en su primera incursión; luego, en su segunda jornada heroica salvó al marinero Osvaldo Calderón Mancilla; pero, seguramente, agotado en su tercera brazada para salvar a otro hombre, el cielo, la tierra y el mar dijeron que descansara en paz.

    El Marinero 2º Mario Fuentealba Recabarren, un muchacho de 22 años de edad, tripulante del Leucotón y quien hacía tres años recibió la Medalla del Valor por haber salvado a una persona, también de las aguas, ahora se lanzaba al mar quizás por gratitud a los hombres del Janequeo que se inmoló y perecieron al tratar de salvar a su Leucotón.

















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